Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano. Lo que mi Padre me ha dado es más que todas las cosas, y nadie puede arrebatar nada de la mano de mi Padre. Yo y el Padre somos uno»
Hoy el Evangelio nos regala una imagen muy bella y antigua: Jesús como el Buen Pastor. No es una metáfora cualquiera. Es una de esas imágenes que tocan el corazón, porque hablan de lo que todos necesitamos: ser guiados, ser acompañados, ser cuidados.
En el tiempo de Jesús, todo el mundo entendía lo que significaba ser pastor. Era un trabajo duro, de día y de noche, muchas veces solitario, siempre atento al rebaño.
Y también hoy, aunque no vivamos en el campo, todos podemos entender lo que significa:
- Tener alguien que se preocupe por ti.
- Que no te deje perdido cuando te equivocas.
- Que te busque cuando te alejas.
- Que te cuide cuando estás herido.
- Que te dé paz cuando todo parece ruido.
- Jesús, el pastor que no abandona
Jesús no es un pastor de los que solo mandan. Él va delante, en medio y detrás, como dice el Papa Francisco:
- Delante, abriéndonos camino, sin imponer, pero marcando la dirección.
- En medio, compartiendo nuestras alegrías y nuestras penas, “oliendo a oveja”, como dice el Papa.
- Detrás, cuidando de los más lentos, los más frágiles, los que se van quedando atrás.
Jesús es un Pastor que no abandona, no desprecia, no se cansa de buscar. Es un Pastor que da la vida, no que huye ante el peligro.
- Nosotros somos sus ovejas
Puede que a alguno le suene mal eso de ser oveja. Pero en el Evangelio, ser oveja no es ser tonto ni débil, sino ser amado, reconocido, acompañado.
Jesús dice:
“Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen.”
Ser oveja de Cristo es aprender a reconocer su voz entre tantas voces que hay hoy. Voces que nos prometen felicidad fácil, éxito sin esfuerzo, vida sin cruz…
Pero la voz de Jesús es distinta: no grita, susurra con amor. No engaña, invita a confiar. Y cuando le seguimos, no vamos a ciegas: vamos con el corazón en paz.
- También nosotros estamos llamados a ser pastores
Y no solo hay un Pastor. Jesús nos invita a ser pastores unos de otros.
Cuidar no es solo tarea de curas y religiosas. Todos tenemos a alguien que espera algo de nosotros: un hijo, un amigo, una persona mayor, un compañero, un vecino que sufre en silencio.
En una sociedad individualista, donde a veces cada uno va a lo suyo, Jesús nos recuerda:
“Cuida a tus hermanos. No dejes solo a nadie. Sé alguien en quien los demás puedan confiar.”
Hoy también celebramos la Jornada de oración por las vocaciones. Oramos para que haya jóvenes que digan sí a Jesús como pastores en la Iglesia, pero también para que cada cristiano descubra que su vocación es cuidar, guiar, servir.
Todos necesitamos un pastor que nos cuide. Todos estamos llamados a cuidar como pastores.
No estamos solos. Jesús nos guía. Nos conoce por nuestro nombre. Nos ama como nadie.
Señor Jesús, Buen Pastor,
gracias porque nos conoces, nos cuidas y nos das la vida.
Ayúdanos a escucharte y seguirte cada día.
Y haz de nosotros pastores unos de otros,
para que nadie en este mundo se sienta solo,
perdido ni sin esperanza. Amén.
¡¡Feliz Domingo!!
