JUNIO
Mes del Sagrado Corazón de Jesús
«He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres»
cada día del mes al Corazón de Jesús
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
1 de junio
Hay un momento del día que muchos dejamos escapar sin darnos cuenta: el primero. Ese minuto entre que abrimos los ojos y nos lanzamos al móvil, al café, a las prisas. Un minuto que podría ser de Dios y acaba siendo de cualquier otra cosa.
El Sagrado Corazón no pide grandes cosas. Pide que volvamos a Él. Que le digamos buenos días antes que a nadie. Que lo pongamos en el centro antes de que el día nos arrastre. Junio es el mes del Sagrado Corazón: treinta días para ir ofreciéndole gestos pequeños, actitudes que cambian, intenciones que elevan lo cotidiano. Porque Él no pide perfectos. Pide que nos acerquemos.
Comenzar el día mirando a Jesús antes que a la pantalla no es un devocionalismo anticuado. Es una manera de decir quién manda en nuestra vida.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de abrirle la puerta de nuestro día desde el primer momento. Es el primer gesto de este mes. Que no sea el único.
«El corazón del hombre traza su camino, pero el Señor dirige sus pasos.»
(Proverbios 16,9)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Mañana, antes de coger el móvil, dedicar un minuto a decirle a Jesús: «Este día es tuyo».
2 de junio
El pan que tenemos en la mesa no llegó solo. Hay trabajo, hay tierra, hay agua, hay personas que no vemos. Y, antes de todo eso, hay un Dios que lo hace posible. Sin embargo, muchas veces nos sentamos a comer y empezamos sin detenernos un segundo.
Jesús dio gracias antes de repartir el pan. En la última cena. En la multiplicación de los panes. En Emaús. Era su costumbre. Y no era un gesto vacío: era reconocer de dónde venía todo. El Corazón de Jesús es agradecido porque el amor verdadero siempre lo es.
Cuando comemos sin dar gracias empezamos a creer, sin querer, que lo que tenemos nos lo hemos ganado solos. Y eso es una forma silenciosa de alejarse de Dios.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús el gesto sencillo de bendecir la mesa. Una pausa antes de empezar a comer. Dos palabras: «Gracias, Señor». Con eso basta.
«Todo don excelente y todo regalo perfecto viene de arriba.»
(Santiago 1,17)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Hoy, antes de cada comida, detenerse un momento y dar gracias en silencio o en voz alta.
3 de junio
Todos tenemos a alguien que nos pone a prueba. Un familiar que repite siempre lo mismo. Un compañero que llega tarde. Una persona que, sin querer, aprieta justo el botón que no hay que apretar. Y nosotros, que queremos ser buena gente, de pronto nos sorprendemos respondiendo mal o poniendo esa cara que lo dice todo sin decir nada.
El Corazón de Jesús fue paciente de una manera que nos desafía. Con los discípulos que no entendían. Con los fariseos que le ponían trampas. Con el pueblo que le aclamaba un día y le crucificaba otro. Nunca perdió la paz de fondo. Nunca respondió con desprecio. Esa paciencia no era debilidad: era amor que aguanta.
La impaciencia nos hace decir cosas que luego hay que pedir perdón. La paciencia nos hace ser la persona que el otro necesita que seamos.
Hoy le ofrecemos al Corazón de Jesús una actitud concreta: aguantar un poco más. Respirar antes de responder. No dejar que la impaciencia hable por nosotros.
«Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón.»
(Mateo 11,29)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, morada de la justicia y del amor, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Identificar a la persona que más me cuesta y decidir tratarla hoy con especial amabilidad.
4 de junio
Hay personas que llevan un peso que nadie ve. El enfermo crónico que ha aprendido a vivir con el dolor sin mencionarlo. El que perdió a alguien y ya no habla de ello porque nota que a los demás les pesa escucharlo. El que tiene miedo y no lo dice porque tiene que ser fuerte para los suyos.
El Corazón de Jesús conoce ese sufrimiento que no se anuncia. Él lloró ante el sepulcro de Lázaro. Sintió compasión de la multitud. Se dejó tocar por el dolor ajeno. No desde la distancia, sino desde dentro. Cuando alguien sufre en silencio y nadie lo ve, Jesús lo ve.
Cuando llevamos al Corazón de Jesús una intención por alguien que sufre, le estamos haciendo un regalo que no saben que reciben.
Hoy ofrecemos una intención: por los que sufren en silencio. Por los que hoy están pasando un momento muy difícil y no tienen a nadie con quien contarlo. Que el Señor los encuentre.
«El Señor está cerca de los que tienen el corazón roto.»
(Salmo 34,19)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Pensar en una persona cercana que esté pasando un momento difícil y mandarle un mensaje o llamarla.
5 de junio
Los viernes de junio tienen un sabor especial. La Iglesia ha tenido siempre una devoción particular a los viernes como día de unión con la Pasión de Cristo. Y en el mes del Sagrado Corazón, esos viernes se cargan de un significado aún más hondo.
El Corazón de Jesús fue traspasado. No es una imagen poética. Es la descripción exacta de lo que pasó en el Calvario: una lanza abrió su costado y de allí brotó sangre y agua. El corazón abierto de par en par. Todo entregado. Hay una espiritualidad muy sencilla que nos enseña a hacer de nuestras dificultades cotidianas una forma de unión con Cristo.
No hace falta un gran sufrimiento. Basta con el cansancio, la contrariedad, la frustración de hoy — y elevarla conscientemente: «Señor, esto va por ti».
Hoy, viernes, hacemos de todo lo que cueste una ofrenda reparadora al Corazón de Jesús. Lo pequeño ofrecido con amor se convierte en algo grande.
«Me alegro en mis sufrimientos por vosotros y completo en mi carne lo que falta a las tribulaciones de Cristo.»
(Colosenses 1,24)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, aplastado por nuestros crímenes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Elegir la dificultad más pequeña del día y ofrecérsela a Jesús conscientemente.
6 de junio
Hay distancias en la vida que no son de kilómetros. Son silencios largos entre personas que antes se hablaban. Son cenas incómodas donde nadie dice lo que piensa. Son orgullo acumulado que no sabe cómo ceder. Hay quien lleva años así, con alguien a quien quiso mucho y del que hoy está lejos sin saber muy bien cómo pasó.
Jesús se ocupó mucho de esas distancias. «Si al llevar tu ofrenda al altar recuerdas que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí la ofrenda y ve primero a reconciliarte». Primero la persona. Luego el altar. El Corazón de Cristo no puede estar en paz si el nuestro guarda rencor.
Dar el primer paso parece que es perder. Pero en realidad el que da el primer paso gana: recupera la paz. Y la paz interior no tiene precio.
Hoy le ofrecemos al Corazón de Jesús el gesto concreto de acercarnos a quien estamos alejados. No hace falta una conversación larga. A veces basta un mensaje, una mirada, un «¿cómo estás?» sincero.
«Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios.»
(Mateo 5,9)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Pensar si hay alguien con quien estoy distanciado y dar hoy un pequeño paso hacia él.
7 de junio
Hoy celebramos el Corpus Christi. El día en que la Iglesia sale a la calle para decirle al mundo: Jesús está aquí. No en los libros, no en el recuerdo, no en las ideas. Aquí. En este pan que es su cuerpo. En este cáliz que es su sangre.
El Corazón que adoramos durante todo este mes es el mismo corazón que latió de amor al pronunciar las palabras de la Consagración: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros». El Sagrado Corazón y la Eucaristía son inseparables. La Eucaristía es el Corazón de Cristo que se da sin reservas, cada día, en cada altar del mundo.
Comulgar es meter al Sagrado Corazón dentro del nuestro. No como metáfora: como realidad. Por eso importa tanto cómo nos acercamos: con qué disposición, con qué fe.
Hoy la ofrenda es la comunión misma. Recibirla —o desearla con el corazón— con más amor que de costumbre. Quedarse un momento después en silencio. Dejar que Él hable.
«El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.»
(Juan 6,56)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Después de comulgar hoy, quedarse al menos tres minutos en silencio y acción de gracias.
8 de junio
La soledad es una de las grandes heridas de nuestro tiempo. Y lo más curioso es que convive con el mayor nivel de conexión técnica de la historia. Millones de contactos en el móvil, y muchas personas que no tienen a nadie que les llame si no se encuentran bien.
Jesús buscaba a los que estaban solos. La samaritana al borde del pozo a la hora del calor, cuando los demás no iban. El paralítico de Betesda, que llevaba treinta y ocho años sin que nadie le ayudara. Zaqueo encaramado a un árbol porque desde abajo nadie le veía. Siempre los márgenes. Siempre los que el mundo dejaba atrás.
Visitar a alguien solo no requiere mucho tiempo. Requiere querer. Requiere acordarse. Requiere vencer esa pereza que nos dice «ya lo haré otro día».
Hoy le ofrecemos al Corazón de Jesús ese gesto: una visita, una llamada, un mensaje real —no un emoji— a alguien que está solo. Es uno de los actos de amor más concretos que existen.
«Estuve enfermo y me visitasteis.»
(Mateo 25,36)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Llamar hoy a alguien mayor o solo que hace tiempo que no da noticias.
9 de junio
Hay una diferencia entre oír y escuchar. Oír es pasivo: el sonido llega y lo registramos. Escuchar es un acto de amor: decidir que lo que el otro dice importa, que su mundo merece mi atención, que puedo esperar a que termine antes de pensar en lo que voy a responder.
Jesús escuchaba así. No había en Él la impaciencia de quien ya sabe lo que va a decir. Cuando la mujer pecadora se acercó a llorar a sus pies, Él no la interrumpió. Cuando el joven rico le planteó su pregunta, el Evangelio dice que «lo miró con amor». Primero la mirada. Luego la palabra.
Muchas personas, incluso rodeadas de gente, sienten que nadie las escucha de verdad. A veces la mayor caridad es simplemente eso: escuchar.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de escuchar: hacer que quien nos hable sienta que lo que dice importa. Es un regalo que no cuesta dinero y que vale mucho.
«El que tiene oídos, que escuche.»
(Mateo 11,15)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
En la próxima conversación importante, no interrumpir. Dejar que el otro termine. Preguntar antes de responder.
10 de junio
Pedir perdón es una de las cosas más difíciles del mundo. Y también una de las más sanadoras. Hay personas que llevan años cargando con el peso de algo que hicieron mal y que nunca llegaron a reconocer. Y ese peso se nota: en la incomodidad que aparece cuando se cruzan con ciertas personas, en esa voz interior que no termina de callarse.
El Corazón de Jesús no tiene orgullo. Se rebajó hasta la muerte. Se hizo el último para que nosotros pudiéramos ser perdonados. Y esa misma lógica —la de bajar para levantar al otro— es la que está detrás de un «perdona, me equivoqué».
Pedir perdón no es perder. Es ganar: ganar en honestidad, en libertad interior, en la posibilidad de que la relación se repare.
Hoy le ofrecemos al Corazón de Jesús el gesto concreto de pedir perdón donde lo debemos. No hace falta que sea dramático. Basta con que sea sincero.
«Confesad vuestros pecados unos a otros y rogad los unos por los otros.»
(Santiago 5,16)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Reconocer hoy en voz alta —con la persona o con Dios en la oración— algo en lo que me he equivocado.
11 de junio
Detrás de muchas fachadas tranquilas hay familias que lo están pasando mal. El matrimonio que lleva tiempo sin hablarse de verdad. Los padres que no saben cómo llegar a sus hijos adolescentes. El hermano que se fue y del que no se sabe nada. La familia que tiene que elegir cada mes entre pagar facturas y llegar a fin de mes.
Jesús pasó la mayor parte de su vida en familia. En Nazaret, en una casa pequeña, con los problemas y las alegrías de la vida ordinaria. El Corazón de Jesús conoce por dentro lo que es vivir en familia: el afecto, la tensión, la dependencia mutua, la necesidad de perdonarse cada día.
No podemos arreglar la situación de todas las familias. Pero podemos llevarlas al Corazón de Jesús. Esa oración, aunque no la vean, hace algo.
Hoy la ofrenda es una intención: por las familias de nuestra parroquia que más lo necesitan. Por las que están rotas. Por las que están intentando sostenerse con las pocas fuerzas que les quedan.
«Donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»
(Mateo 18,20)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, morada de la justicia y del amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Rezar hoy por una familia concreta que sepa que está en una situación difícil.
12 de junio
Hoy es el día grande. La Iglesia lleva siglos celebrando hoy la fiesta del Sagrado Corazón porque necesita recordar —y recordarnos— que Dios no es una idea. Dios tiene corazón. Y ese corazón late de amor por cada uno de nosotros, sin excepción y sin condiciones.
Cuando Jesús se apareció a Santa Margarita María de Alacoque, le mostró su corazón envuelto en llamas, coronado de espinas, con una cruz encima. No es una imagen decorativa. Es un mapa del amor de Dios: un amor que arde, que ha sufrido por nosotros, que ha cargado con nuestra ingratitud, y que sigue —sigue— ofreciéndose.
¿Qué se le responde a un amor así? No hay respuesta suficiente. Pero hay una respuesta posible: decirle «sí». Ofrecerle lo que somos, con las heridas y los defectos, y pedirle que haga con ello lo que quiera.
Hoy la ofrenda es total. No un gesto. No una actitud. Hoy le damos el corazón. Que hoy reciba el nuestro.
«He aquí este Corazón que tanto ha amado a los hombres.»
(Palabras de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien reside toda la plenitud de la divinidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Recitar hoy el acto de consagración al Sagrado Corazón, o simplemente decirle: «Señor, aquí estoy. Soy tuyo».
13 de junio
El día después de la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, la Iglesia celebra el Inmaculado Corazón de María. No es casualidad. Los dos corazones están unidos desde el principio: el Corazón de Jesús latió por primera vez en el seno de María. Ella fue la primera que lo escuchó, la primera que lo amó.
María es el camino más corto al corazón de su Hijo. Quien la conoce, quien la trata con devoción sencilla y filial, descubre que ella lleva siempre al mismo sitio: a Jesús. No se queda el amor para sí misma. Lo traslada. San Antonio de Padua, que celebramos también hoy, fue toda su vida un hombre de ese mismo camino.
No hay devoción a María que no desemboque en Cristo. Ese es el secreto de su corazón: todo lo que toca, lo lleva a su Hijo.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús nuestra devoción a su Madre. Y le pedimos que, como ella, sepamos llevar a los demás a Él.
«Mujer, ahí tienes a tu hijo.»
(Juan 19,26)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, formado por el Espíritu Santo en el seno de la Virgen Madre, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Rezar hoy una decena del rosario meditando cómo María nos lleva a Jesús.
14 de junio
Juzgar es tan fácil y tan rápido que casi ni nos damos cuenta de que lo estamos haciendo. Una mirada, una frase mal dicha, un comportamiento que no entendemos, y ya hemos formado un juicio completo sobre alguien. Y luego nos cuesta mucho revisarlo, porque el primer juicio se instala y resiste.
Jesús vio a Zaqueo encaramado a un árbol y no dijo: «Mira ese usurero». Dijo: «Zaqueo, baja, que hoy me quedo en tu casa». Vio lo que Zaqueo podía ser, no solo lo que era. Y esa mirada transformó su vida. El Corazón de Jesús tiene la capacidad de ver a la persona detrás del comportamiento.
Detrás de cada actitud que no entendemos hay una historia que no conocemos. Recordarlo antes de juzgar cambia mucho la manera de relacionarse.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de mirar a los demás sin juicios apresurados. De dar el beneficio de la duda. De recordar que nosotros también necesitamos que nos miren así.
«No juzguéis y no seréis juzgados.»
(Lucas 6,37)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Cuando hoy esté a punto de juzgar a alguien, preguntarse: «¿Qué historia no conozco de esta persona?»
15 de junio
Muchos tenemos el Evangelio en casa. Algunos incluso en el móvil, a un clic. Y sin embargo pasan semanas, meses, sin que lo abramos. No por mala voluntad. Por esa lógica del día que siempre nos arrastra y nunca nos deja llegar a lo que importa.
Leer el Evangelio despacio no es lo mismo que leerlo para enterarse de lo que dice. Es abrirlo sabiendo que es una carta personal. Que las palabras de Jesús no son para la gente de hace dos mil años: son para mí, ahora, en esta situación concreta de mi vida. Santa Teresa de Ávila decía que cuando abría el Evangelio sentía que Jesús le hablaba directamente.
Eso no es privilegio de santos. Es lo que el Evangelio hace cuando uno se acerca a él con disposición. Cinco minutos. Sin prisa. Dejando que una frase se quede dentro.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús el gesto de abrir el Evangelio. No para cumplir, sino para escuchar. Porque en el Evangelio habla Él.
«La palabra de Dios es viva y eficaz, más cortante que cualquier espada de doble filo.»
(Hebreos 4,12)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien están todos los tesoros de la sabiduría y de la ciencia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Leer hoy el Evangelio del día —en la web de la parroquia o en cualquier misal— y quedarse con una frase.
16 de junio
Hay personas que han dado su vida entera. No solo su tiempo libre, no solo sus horas buenas. Toda la vida. Los sacerdotes, los religiosos, las religiosas, los consagrados en el mundo. Personas que dijeron «sí» a Dios de una manera que cambia toda la existencia.
Ese «sí» cuesta. No está de más recordarlo. Hay noches difíciles, momentos de cansancio, dudas, soledades. La vida consagrada no está al margen de la fragilidad humana. La devoción al Sagrado Corazón nació vinculada a la vida religiosa. Y una de las maneras más hermosas de honrarlo es rezar por quienes han dedicado su vida a anunciarlo.
Los sacerdotes y consagrados necesitan nuestra oración más de lo que a veces suponemos. Sostenerlos con la oración es parte de la vocación de todo bautizado.
Hoy la intención es por ellos: por los sacerdotes y las personas consagradas. Que no pierdan el norte. Que el Corazón de Jesús sea su hogar en los días difíciles.
«La mies es mucha y los obreros son pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que envíe obreros a su mies.»
(Mateo 9,37-38)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Rezar hoy un Padre Nuestro por el sacerdote de la parroquia o por un religioso conocido.
17 de junio
El trabajo puede ser una oración. No automáticamente, sino cuando se hace con esa intención. Cuando el fontanero repara bien la avería porque le importa que quede bien. Cuando el maestro prepara la clase con cuidado porque los niños merecen lo mejor. Cuando la persona mayor dobla la ropa con esmero aunque no haya nadie mirando.
Jesús trabajó. Treinta años en un taller de Nazaret. Haciendo puertas, ventanas, yugos para los animales. Nadie lo vio hacer milagros durante esos años. Solo trabajar bien, con sus manos, con cuidado. El Corazón de Jesús conoce el valor del trabajo hecho en silencio y sin aplausos.
Cuando hacemos bien lo que nos toca, aunque sea pequeño, aunque no lo vea nadie, estamos diciendo con los hechos que Dios importa. El trabajo bien hecho es también una forma de alabanza.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de hacer bien lo que nos toca. Hoy. En la tarea de hoy. Con más cuidado que de costumbre.
«Todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como si fuera para el Señor y no para los hombres.»
(Colosenses 3,23)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Hoy, hacer una tarea cotidiana con especial cuidado, ofreciéndosela a Jesús.
18 de junio
Hay una prueba para saber si una acción nace de amor o de otra cosa: ver qué pasa cuando no se recibe nada a cambio. Si hago algo y espero el agradecimiento, y el agradecimiento no llega, y eso me deja frío o molesto... entonces lo que había detrás no era amor puro. Era, al menos en parte, la necesidad de ser reconocido.
El amor del Sagrado Corazón no funciona así. Jesús dio sin reservas a personas que luego le dieron la espalda. Curó a diez leprosos y solo uno volvió a dar gracias. Entregó su vida y los que lo rodeaban huyeron. Siguió. Sin calcular. Sin llevar la cuenta.
Cuando damos sin esperar nada a cambio, algo cambia en el interior: aparece una libertad que el que siempre espera algo a cambio no conoce. Es la libertad del que ama de verdad.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús el gesto de dar algo —tiempo, ayuda, escucha, dinero— sin esperar nada. Solo porque es lo correcto.
«Cuando des limosna, que tu mano izquierda no sepa lo que hace tu derecha.»
(Mateo 6,3)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de cuya plenitud todos hemos recibido, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, abismo de todas las virtudes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Hacer hoy algo bueno de forma anónima, sin que nadie sepa que has sido tú.
19 de junio
Una de las palabras que más aparece en la espiritualidad del Sagrado Corazón es «reparación». No es una palabra muy moderna, pero es una palabra muy humana. Cuando hacemos daño a alguien, lo justo no es solo pedir perdón: es hacer algo para reparar lo roto.
Jesús mostró a Santa Margarita María un corazón rodeado de espinas. Las espinas, le explicó, eran las ingratitudes, las ofensas, el olvido de los que debían amar. Y le pidió que reparara con amor lo que otros habían dañado con indiferencia. No para compensar lo que no tiene compensación, sino para decir: «Señor, yo quiero estar del lado del amor».
Cada viernes de junio es una pequeña oportunidad de reparación. Una mortificación pequeña, un acto de amor consciente, una oración especial que diga: «Este corazón quiere estar contigo».
Hoy la ofrenda es reparadora. Algo que cueste un poco, ofrecido con amor. Lo pequeño, cuando viene del corazón, llega lejos.
«Él fue herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas.»
(Isaías 53,5)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, aplastado por nuestros crímenes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Hacer hoy algo que cueste un poco, ofreciéndolo consciente y explícitamente como reparación al Sagrado Corazón.
20 de junio
Dios creó el mundo y vio que era bueno. No «útil». No «rentable». Bueno. Hay una bondad en la creación que precede a cualquier uso que hagamos de ella: en el árbol, en el río, en el animal, en el suelo. Todo tiene un valor que no hemos puesto nosotros y que no nos pertenece gestionar a capricho.
El Corazón de Jesús que adoramos late dentro de una creación que es su obra. Y cuando descuidamos la creación —cuando derrochamos, cuando contaminamos sin pensar, cuando tratamos la naturaleza como un recurso sin fondo—, estamos siendo indiferentes con algo que a Él le importa.
Cuidar la creación no requiere grandes gestos. Requiere los pequeños: no desperdiciar agua, no tirar comida, no comprar lo que no necesitamos. Son gestos de respeto a la obra de Dios.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de cuidar lo que nos ha prestado, con gratitud y con responsabilidad. La tierra es de Él. Nosotros la administramos.
«El Señor tomó al hombre y lo puso en el jardín del Edén para que lo cultivara y lo guardara.»
(Génesis 2,15)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, templo santo de Dios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, tabernáculo del Altísimo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, casa de Dios y puerta del cielo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, digno de toda alabanza, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Hoy, evitar desperdiciar algo concreto: comida, agua, energía. Hacerlo conscientemente.
21 de junio
El domingo tiene un problema: se ha vaciado de contenido. Para muchos ya no es el día del Señor. Es el día de las compras, el día de dormir hasta tarde, el día de la pantalla sin horario. No hay nada malo en descansar. El problema es cuando el descanso no tiene ninguna dimensión vertical: cuando Dios no aparece en ningún momento del día.
El Corazón de Jesús resucitó un domingo. El primer día de la semana. Y desde entonces, la Iglesia se reúne cada domingo para decir: Él está vivo. Estamos aquí porque Él resucitó. Esto cambia todo. La Misa del domingo no es un trámite. Es el momento de la semana en que el tiempo ordinario se detiene y algo diferente irrumpe.
Cuando vivimos el domingo así —aunque sea con esfuerzo, aunque haya días en que no apetece—, el resto de la semana cambia de color. El día del Señor tiñe los demás días.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de vivir este domingo de otra manera. Con más presencia. Con más conciencia de que el día le pertenece a Él.
«Este es el día que hizo el Señor: sea nuestra alegría y nuestro gozo.»
(Salmo 118,24)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Esta tarde, hacer algo que alimente el espíritu: un paseo, un rato de lectura tranquila, un momento de oración en familia.
22 de junio
Todos tenemos personas queridas que están lejos de la fe. Un hijo que dejó de practicar. Un amigo que tuvo una experiencia mala con la Iglesia y cerró la puerta. Un familiar que nunca fue creyente. Personas buenas, a veces muy buenas, pero con Dios ausente de su vida.
Jesús fue al encuentro de los que estaban lejos. No esperó a que vinieran. Fue a buscar a la oveja perdida, no desde el desprecio, sino desde el amor que no puede quedarse quieto cuando alguien falta. La oración por los alejados es uno de los actos de amor más desinteresados que existen. No lo veremos. No sabremos cuándo ni cómo actúa. Pero el Corazón de Jesús, que los quiere más que nosotros, sí lo sabe.
Hay personas que están esperando sin saber qué esperan. Que buscan sin saber qué buscan. Nuestra oración puede ser el puente invisible que las acerque a Quien las está esperando.
Hoy la intención es por ellos: los que se fueron, los que nunca llegaron. Para que encuentren lo que buscan, aunque aún no sepan qué es.
«¿Puede una madre olvidarse de su criatura? Pues aunque ella se olvidase, yo no me olvidaré de ti.»
(Isaías 49,15)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Rezar hoy por una persona concreta que esté alejada de la fe, diciendo su nombre al Corazón de Jesús.
23 de junio
Hay días en que una persona lleva una tristeza encima que le pesa pero no se le nota demasiado. Va al trabajo, hace lo que tiene que hacer, responde cuando le hablan. Pero por dentro algo está apagado. Y basta que alguien se dé cuenta y le diga algo —una pregunta sincera, una sonrisa que no sea de protocolo, una palabra que diga «te veo»— para que algo se mueva.
Jesús tenía esa capacidad de ver al que estaba triste dentro de la multitud. Y no pasaba de largo. Se detenía. Miraba. Preguntaba. Tocaba, cuando hacía falta. Consolar no requiere tener las palabras perfectas. A veces basta con estar. Con no fingir que no lo has notado.
Llevar un poco del consuelo de Cristo a alguien que hoy lo necesita es uno de los gestos más parecidos al Sagrado Corazón que podemos hacer.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús ese gesto: una sonrisa, una palabra, una presencia. Algo que haga sentir a alguien que no está solo.
«Bendito sea el Dios que nos consuela en todas nuestras tribulaciones para que podamos consolar a los demás.»
(2 Corintios 1,3-4)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, generoso para los que te invocan, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Prestar atención hoy a alguien que parezca estar pasando un mal momento y hacerle saber que se le ve.
24 de junio
Juan el Bautista podría haber sido el protagonista. Tenía todo para serlo: presencia, fuerza, carisma, seguidores. La gente le preguntaba si era él el Mesías. Y él respondió con una de las frases más grandes del Evangelio: «Yo no soy el Cristo. Viene uno después de mí al que no soy digno de desatarle la correa del calzado».
Toda la vida de Juan fue un dedo apuntando a otro. «Yo bautizo con agua. El que viene detrás de mí bautiza con el Espíritu». «Él debe crecer; yo, disminuir». Una existencia entera puesta al servicio de señalar al que importa de verdad. No somos el centro. Somos testigos.
Hay mucho de Juan en la vocación cristiana. No se trata de que la gente nos admire a nosotros: se trata de que, a través de nosotros, puedan ver algo de Jesús.
Hoy, en la fiesta de su nacimiento, le ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de Juan: hacer el bien sin necesidad de que se note que somos nosotros quienes lo hacemos.
«Él debe crecer; yo, disminuir.»
(Juan 3,30)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, en quien el Padre se complace, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Hoy, hacer algo bueno deliberadamente de tal manera que el mérito no recaiga sobre uno mismo.
25 de junio
Los jóvenes de hoy crecen en un mundo que les ofrece de todo menos aquello que más necesitan: un sentido. Tienen información, entretenimiento, opciones sin fin. Pero hay un vacío que las pantallas no llenan, que el éxito no tapa, que la diversión no satura. Un vacío con forma de pregunta: ¿para qué estoy aquí?
Jesús miró al joven rico con amor. El Evangelio lo dice así: «Lo miró y lo amó». Antes de pedirle nada. Antes de decirle lo que tendría que cambiar. Primero el amor. El Corazón de Jesús tiene una ternura especial por los jóvenes. Los buscaba, los llamaba, les hacía preguntas que ponían en marcha algo dentro de ellos.
Muchos jóvenes están esperando encontrar algo por lo que merezca la pena vivir. No saben que ese algo tiene nombre y que los está buscando a ellos también.
Hoy la intención es por los jóvenes de nuestra parroquia, de nuestra familia, de nuestro entorno. Para que encuentren lo que buscan, aunque aún no sepan qué es.
«No tengáis miedo. Abrid de par en par las puertas a Cristo.»
(San Juan Pablo II)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, deseo de los collados eternos, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Rezar hoy por un joven concreto: un hijo, un sobrino, un alumno, un vecino.
26 de junio
El examen de conciencia tiene mala fama porque se ha reducido a veces a una lista de pecados que repasar con sentimiento de culpa. Pero eso es solo una caricatura. El examen de conciencia que propone la tradición cristiana es algo mucho más rico: sentarse un momento al final del día y preguntarse dónde he estado presente a Dios y dónde lo he ignorado.
San Ignacio de Loyola, que lo sistematizó con el nombre de Examen, decía que era la oración más importante del día. Más que la meditación larga. Porque es la que conecta la fe con la vida real, con el día concreto que he vivido. El Corazón de Jesús no se aleja cuando hacemos un examen honesto. Al contrario: es entonces cuando más cerca está.
La verdad, aunque cueste, es el suelo sobre el que se construye la relación con Dios. No hay comunión real sin honestidad.
Hoy, viernes, ofrecemos al Corazón de Jesús el gesto de un examen sincero. Cinco minutos. Sin dramatizar. Sin esconder. Solo mirar el día con los ojos de Dios.
«Escudríñame, oh Dios, y conoce mi corazón.»
(Salmo 139,23)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, aplastado por nuestros crímenes, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, traspasado por la lanza, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, víctima por los pecadores, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Esta noche, antes de dormir, dedicar cinco minutos al examen de conciencia: ¿dónde estuvo Dios en mi día de hoy?
27 de junio
Hay momentos en que la vida no tiene explicación visible. Una enfermedad que no mejora. Una situación que lleva meses sin resolverse. Un dolor que no tiene nombre y que, sin embargo, está ahí. Y la oración se vuelve más difícil porque uno no sabe qué pedir, ni si tiene sentido pedirlo.
La confianza cristiana no es optimismo. No es decirse «todo saldrá bien» con los dientes apretados. Es algo más profundo: creer que Quien tiene el mundo en sus manos me tiene también a mí en las suyas, aunque ahora no lo vea. El Corazón de Jesús conoce la oscuridad. Getsemaní fue real. Y sin embargo, el Padre estaba allí. Siempre estuvo allí.
La confianza no evita el dolor. Lo atraviesa con compañía. Y a veces eso es lo único que necesitamos: saber que no estamos solos en la oscuridad.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la actitud de confiar: especialmente en aquello que no entendemos, en aquello que escapa a nuestro control.
«Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.»
(Jaculatoria tradicional)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, lleno de bondad y de amor, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Poner hoy en manos del Corazón de Jesús una situación que nos preocupa y que está fuera de nuestro control.
28 de junio
El enfermo aprende cosas que el sano no sabe. Aprende lo que vale una visita. Aprende lo que pesa el tiempo cuando uno no puede hacer nada. Aprende lo que significa depender de otros. Y muchas veces, en ese aprendizaje doloroso, también aprende algo de Dios que antes no sabía.
El Corazón de Jesús fue traspasado. Su cuerpo sufrió. No fue ajeno al dolor físico: lo conoció desde dentro. Por eso, cuando un enfermo lleva su sufrimiento al Corazón de Cristo, no lleva su dolor a alguien que lo observa desde fuera. Lo lleva a Alguien que sabe lo que es. Y hoy pensamos también en quienes cuidan: los que pasan noches en blanco, los que han reorganizado su vida entera en torno al cuidado de otro.
Cuidar a un enfermo sin perder la paz es una de las formas más heroicas de amor que existen. Merece toda nuestra admiración y toda nuestra oración.
Hoy la intención es doble: por los enfermos y por quienes los cuidan. Que el Corazón de Jesús sea su fuerza en los días más duros.
«Tomó nuestras dolencias y cargó con nuestras enfermedades.»
(Mateo 8,17)
REZO
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paciente y lleno de misericordia, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, propiciación por nuestros pecados, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, saciado de oprobios, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, obediente hasta la muerte, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de todo consuelo, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, esperanza de los que mueren en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Acordarse hoy de un enfermo conocido y rezar por él, o hacerle llegar un gesto de cercanía.
29 de junio
Dos columnas de la Iglesia, tan distintos entre sí. Pedro, el pescador impulsivo que renegó y volvió. Pablo, el perseguidor que cayó del caballo y se levantó convertido. Los dos frágiles. Los dos transformados. Los dos fieles hasta la muerte.
La Iglesia que heredamos lleva dentro la fragilidad de Pedro y el celo de Pablo. No es perfecta. Ha cometido errores. Ha tenido momentos oscuros. Y sin embargo, sigue transmitiendo la fe, sigue celebrando los sacramentos, sigue siendo, con todos sus límites, el cuerpo de Cristo en el mundo. El Corazón de Jesús ama a su Iglesia dentro de sus fragilidades, como amó a Pedro después de la negación.
Rezar por la Iglesia no es resignación ante sus fallos. Es el acto de amor de quien sabe que algo tan grande y tan frágil necesita ser sostenido por la oración.
Hoy ofrecemos al Corazón de Jesús la intención por la Iglesia: por el Papa, por los obispos, por los sacerdotes, por todos los bautizados. Que seamos dignos de lo que hemos recibido.
«Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.»
(Mateo 16,18)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, de majestad infinita, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Rezar hoy un Padre Nuestro por el Papa y por la Iglesia universal.
30 de junio
Hemos llegado al último día. Treinta días de ofrendas pequeñas. Treinta gestos, actitudes, intenciones llevadas al Corazón de Jesús. Puede que algunos días lo hayamos hecho bien, con fe y con ganas. Puede que otros nos hayamos olvidado o que el día no nos haya dado tregua. No importa demasiado: el Corazón de Jesús recibe lo que damos como somos — imperfectos, irregulares, con buena voluntad y con flaquezas.
Pero hoy, último día de junio, la ofrenda es especial. No es un gesto de hoy. Es una actitud para siempre: quedarse cerca del Corazón de Jesús más allá de este mes. Que lo que hemos vivido en junio no se quede en junio. La devoción al Sagrado Corazón no tiene fecha de caducidad.
Es una manera de estar en el mundo: con el corazón orientado hacia Él, ofreciéndole cada día lo que somos, confiando en que su amor puede con todo lo nuestro.
Gracias por este mes. Que el Sagrado Corazón de Jesús — ardiente de amor, paciente con nuestra debilidad, fiel a su promesa — nos acompañe siempre. Hasta el último día.
«He aquí el corazón que tanto ha amado a los hombres.»
(Palabras de Jesús a Santa Margarita María de Alacoque)
REZO
Corazón de Jesús, Hijo del Padre eterno, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, horno ardiente de caridad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, Rey y centro de todos los corazones, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, fuente de vida y de santidad, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, vida y resurrección nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, paz y reconciliación nuestra, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, salvación de los que esperan en ti, ten piedad de nosotros.
Corazón de Jesús, delicia de todos los santos, ten piedad de nosotros.
Sagrado Corazón de Jesús, en ti confío.
Dulce Corazón de María, sé mi salvación.
Florecilla para este día:
Renovar hoy la decisión de vivir siempre cerca del Corazón de Jesús. Y empezar mañana igual que empezamos hoy: con el corazón abierto a Él.
